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Si compramos una antigüedad (es decir, un mueble de más de cien años), lo más aconsejable será no tocarlo y confiar, en todo caso, en un restaurador profesional. Pero si hablamos de muebles viejos atacados por los estragos del tiempo, existen posibilidades de mejorarlos nosotros mismos. Eso sí: sepa que hay que dedicar tiempo, energía y dinero.

Por eso, un buen consejo es hacerlo solamente si la tarea te entusiasma. Si no, lo más probable es que el mueblecito desvencijado que tanto nos gustó quede así toda la vida.

Nuevos usos

Más allá de las posibilidades de restaurar o cambiar por completo la apariencia de un mueble, otra opción es crear a partir de ellos algo totalmente novedoso. Por ejemplo: viejas hormas de zapatos pueden transformarse en percheros, o una radio antigua que se convierte en una mesa de luz.

La nobleza de la madera

A muchos restauradores, pintar la madera les parece un crimen, y les aconsejan a aquellos que tengan muebles de lustre oscuro (hoy en baja en la lista de preferencias) que los manden a lavar. Es que si no se es ducho en el tema, hay tareas que es mejor dejar en manos de los expertos: una buena terminación le dará al resultado otra categoría, lo que afectará directamente el conjunto.

Las pátinas

Otra opción para cambiarles la cara a los muebles viejos es patinarlos, una tarea sencilla que sólo requiere algunos elementos y un poco de paciencia. Aquí hay que decir que no hay una, sino varias formas de realizar una pátina: puede hacerse directamente con pintura (aplicando un color base y luego otro para que al lijar se vean ambos), o también aplicando betún de judea una vez terminados los pasos de pintura, algo que se emplea a menudo para dar la apariencia de «avejentado».

Dependiendo del gusto personal, también pueden usarse diferentes tipos de barniz o pinturas de colores y base blanca. En este caso, suponiendo que patinaremos una mesa de pino, hará falta látex al agua satinado, barnices (de color marrón, roble claro, nogal o natural), pincel, pad, un rodillo texturador, un cepillo de cerda blanda, un rodillo de lana, un retazo de algodón y una pinceleta.

 

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